Hasta el 15 de mayo se desarrollará en el paraje Cabezo María de Antas el trabajo continuo durante dos semanas de una veintena de voluntarios universitarios de España, Italia, México y Marruecos, quienes trabajarán en la segunda fase para el descubrimiento (hasta llegar al pavimento) De la Iglesia Bizantina que se identificó en el mismo.
Bajo la dirección de seis técnicos del laboratorio de Arqueología biocultural Memolab, de la Universidad de Granada, los jóvenes trabajaran con palestras y escóbenos para sacar a la luz los elementos que persistan de este legado que en el año 2025 se descubrió como lo que fue un monasterio bizantino entre los siglos IV al VIII de nuestra era. En esta ocasión, los trabajos vuelven a ser dirigidos por los reconocidos arqueólogos Julio Román, José María Martín Civantos y Antonio J. Rubio, con la colaboración de María del Valle López, Diego Arcauz y Víctor Sánchez.
Hasta ese viernes, las personas que lo deseen podrán visitar el yacimiento en rutas guiadas, tuteladas por los propios investigadores, previa reserva concertada mediante el Centro de Interpretación de la Cultura Argárica (CICA).
El objetivo de esta segunda campaña consiste en avanzar en los restos de la iglesia bizantina hasta llegar al nivel del pavimento y comprobar si, como era costumbre, existen sepulturas en el subsuelo. Además, el equipo profundizará en el estudio del antiguo refectorio, la cocina y otras instancias afloradas durante la campaña anterior.
A estas tareas se añadirán trabajos de musealización, conservación, consolidación y preparación para la visita de las estructuras ya encontradas el año pasado.
El inicio del cristianismo en el Sudeste
Las conclusiones de las anteriores investigaciones reportaron que “el Cabezo María pudo albergar una importante comunidad monástica cristiana bizantina”. Así lo probaría el hallazgo de “una gran iglesia de tres naves del siglo V -los más antiguos de un templo cristiano hallados hasta ahora al sur de Ebro- y una urbanización de casas dispersas, sin calles, habitada entre los siglos IV al VIII, idéntica a la de un monasterio de la misma época hallado en Capadocia”, explica el profesor Román.
Ese tipo de comunidad justificaría la abundancia de materiales ricos e importados encontrados en el yacimiento, “impropios en un poblado campesino”. Los directores de la investigación apuntaron durante la presentación de las conclusiones preliminares de su anterior campaña, que la comunidad del Cabezo María “pudo ser un lugar central de culto desde el que se expandió la Iglesia cristiana al resto del sureste español”.
El alcalde del municipio, Pedro Ridao ha asegurado que: “Antas cuenta con un legado excepcional que estamos obligados a rescatar, difundir, compartir y, como siempre repite el profesor Oswaldo Arteaga, convertir en el petróleo de nuestro pueblo”.
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