El tiempo no cambia, porque el frio se resiste. Cae la noche y aún habiendo echado algo para recomponer hasta el talle, es huelga. Llegarán los turrones y apetecerá un limón granizado. La chica del tiempo no nos da más tregua que dos mediodías. Así los que fueron a ‘emplear’ en los almacenes para traer las ‘novedades’ a esos pedregales del mercado de los domingos colocaron con cierto mimo en las perneras y cinturillas los últimos tintes y bruñidos y deterioros para ver si se va animando alguien a invertir, y eso que la inversión es poca, de poca monta vamos. El vestir no cambia y estamos entre Los Santos y los difuntos, en realidad nos están evitando esa cosa azarosa de cambiar el ropero, que siempre es una castaña.