En la última quincena no se sabía cómo iban a ir ocurriendo las cosas. Lo inesperado hizo que no hubiera previsiones, porque al igual que los que deseaban ‘baratura’ y esperaban a última hora, los previsores lo hacían todo con más de medio año de antelación. Pero el tiempo manda ‘lo circunstancial’ y ese mismo nos los ha traído a ellos y ellas: venidos y/o llegados. Los deseados viajeros y visitantes. Jóvenes que descubren el mar (su latitud es de tierra adentro) como un ensueño o metáfora cargado de leyendas e historias, sin saberlo muy bien, pero que una vez visto instantáneamente mandan, tras ‘chapuzonear’ a esa Holanda de las vacas y los quesos… o ellos, que a la hora en que el sol no pica-pica del todo, mapita en mano, observan de pronto en un recodo que no encontraban, los toquecitos mudéjares de una hermosa fachada. La ciudad vuelve a acoger como siempre a los venidos con para hacer valer, una vez más, aquel antiguo lema que aún pervive en alguna cabeza: ‘Almería, donde no te sentirás un extraño’, pese a los tiempos que muy ‘normales’, no son.