Estábamos hartos que es una palabra que se congracia a la contra de resignados. Llegó el mes de la espera, de pronto, empujado por los hechos significativos de la vida escolar y laboral que marca el mundo civilizado, que vive en las ciudades; aunque en el otro también, allí marcado por los vientos y los soles y las lluvias y su ausencia, que también es la vía directa de la sequía. Nos tocaba un respiro, que es mucho pedir para el mes de julio, pero que se puede decir así de crudo después de que le hayan dado vía libre (se te ha ocurrido al principio rienda suelta, ¡eh… encabritado!) a tus vías nasales. También a la boca y a los dientes, por donde entra lo que nos nutre de la tráquea para abajo. Por decreto o nota oficial. Pensamos en descansar, y vamos a hacer algunas cosas, en una civilización un tanto salvajada.