Había que tomar una actitud, una parte nacía o salía sola, una actitud aunque fuera compartida, también casi la misma hora, y aún perteneciendo al mismo género y  teniendo las mismas aficiones, se sobrevenía una actitud marcada por el tiempo, el tiempo que casi con días de primavera había rematado un otoño y nos metía a todos, estén ahí o no, en el calendario del invierno. Pero se puede reparar con los ojos, no hablamos de ese tiempo, del mismo tiempo; hablamos del tiempo a  sangre y fuego y sobre entendemos que para unos tan liviano y para otros camino de venir siendo pesado.
Cuatro patas para un banco que decía el dicho ciudadano que con estas moles de piedra en la tierra de la piedra, como tantas tierras con montañas por escalar, era solo un dicho, porque los urbanistas se han empeñado en quitar  puntos de apoyo. Los pares al andar del tiempo se han instalado en un nuevo año al que pedirle algo y entregarle nuestras vidas. Quizá eso se vienen contando en directo o en diferido, mientras una luz tocada o descubierta nos lleva de cabeza: tic-tac, tan-tan. Agudos y graves, un pié en la vida.