El cantaor de Pescadería será enterrado mañana domingo 12 a las diez

Era un niño de postguerra que cantaba, por la afición que había en la familia, que creció, vivió y se hizo en el barrio de Pescadería y en el Puerto con su playa del Pito, la Arenica Blanca y las Olas. Aprendió primero de Pepe Pinto y de Mairena y de Caracol y fraguó con los años una voz recia, que no despuntó en carrera profesional pero que se dejó oír en cientos de escenarios y registrada únicamente en un disco propio ‘Flamenco Cabal’.
Ha muerto Juan Gómez, el cantaor payo de la voz tan gorda, desgarrada y jonda que a veces parecía la de Chocolate, el integrante de Los Tempranos junto a Sorroche, su hermano Pepe Gómez, El Mellizo y Pedro El Funde y los aficionados no actuantes Mario París, Carlos Jover, Antonio Carrillo y Diego el Payano, la antesala de lo que fué la Peña El Taranto, en los años sesenta, cuando la afición abandonaba la juerga de borrachera tan ‘a palo seco’ de las tabernas para centrarse más en el cante con guitarra.
A Juan que se lo ha llevado el mes de enero por vía respiratoria le gustaba despatarrarse en la silla desde el primer cante, quitarse la chaqueta en el segundo y aflojarse la corbata en la mitad de este. Eso era síntoma de que estaba a gusto, y que la noche estaba ‘en vena’, y ahí salían de corrido la soleá, los tarantos, la seguiriya, la malagueña, y esa efervescencia de dicción tan puntillosa que tenía para los fandangos, larga ronda, paraos, templaos, mandaos. Escupidos al éter.
Juan participó también en el boom de los cuadros flamencos de los ochenta ‘De Nuestras Fuentes’ fue uno, o ‘Fuente y Caudal’. Idas y venidas, y actuó con casi todos los guitarristas de su generación y posteriores, el mencionado Funde, Diego Ruano, Paco Carmona, Niño de la Manola, Antonio Luis López y Niño de la Fragua, su último escudero que estaba muy afectado con la noticia de la muerte, este 11 de enero.
Se ganó la vida como proveedor dentro del puerto de ‘nieve’ para la conservación del pescado y casi toda ella mantuvo su residencia en el barrio de Pescadería, hasta que hace dos décadas, a punto de la jubilación, se mudó a Aguadulce donde vivía jornadas apacibles y sencillas: desayunar fuera, jugar la partida en el club de jubilados, y discurrir los días junto a su mujer Ana.
Su muerte ha sobrecogido a la afición flamenca, se oía, desde este verano, que si Juan estaba malo, que si tenía problemas respiratorios; una de sus últimas intervenciones públicas, aparte reuniones en El Tintero por ejemplo, fue en el Taranto en 2018. En el Festival de Fondón era un clásico, como en el Festival de Almería casi desde su fundación hace 53, y en las distintas peñas de la provincia y los circuitos de divulgación provinciales o en el Almería por Tarantos del San Juan Evangelista de Madrid.
Cumplidos los setenta el divulgador y promotor Marcos Escánez le organizó una cena homenaje en La Isleta del Moro, de él fue también la iniciativa de su único disco en solitario, aunque la voz de Juan quedó registrada antes en el colectivo ‘Cantes de Almería’ de Diputación y en varias grabaciones televisivas de TVE y Canal Sur.
El rajo de Juan Gómez Belmonte emisario de las formas del cante de Almería para toda Andalucía, en distintos festivales y concursos, su generosidad cantaora en la reunión de cabales, su memoria siempre atenta a lo que fue su hermano Pepe El Gordo, se han parado en el umbral del año 2020. La tierra acallará el último aye, el aliento largo de esa emoción infinita que es el cante. El cante jondo, se entiende.
Durante la jornada de este 11 de enero el cuerpo del cantaor es velado en el Tanatorio Almería, en la Calle Suflí, 4, en cuya capilla este domingo 12 de enero a las diez de la mañana se celebrará la misa de corpore in sepulto por el eterno descanso de su alma.

Luis G. Yepes
En la foto Juan Gómez con la guitarra de Niño de la Fragua, autor: Jesús Amat