Al resguardo o tras su presencia contundente y rústica, los elementos-astros y las edificaciones-albergue se muestran ante el observador que a veces maravillado, y otras deseoso de alcanzar su sueño-necesidad, mira al frente y no atisba un horizonte, sino una pared rocosa. Su formación de siglos ha visto pasar, surcar, subir, bajar de manera impertérrita pero modificada a golpe de viento y de agua. Como una canción surgen sonidos a veces de su interior o su lomo, cuando el hombre o la mujer pega la oreja, o cuando los elementos naturales dan un bostezo. Septiembre nos lleva a la montaña ahí, cerquita, rodeándonos.