Se fue a Madrid pasados los veinte años a estudiar Ingeniería Industrial y no la acabó nunca. Vivía en el San Juan Evangelista, residencia recién hecha en los Campus en la que al poco de llegar creó el Club de Musical y Jazz, lo que ha llevado adelante durante toda su existencia, casi cincuenta años, y al que tristemente vio quedar en casi nada por el cierre del hospedaje estudiantil en el que siempre tuvo su ‘suite’. Ha muerto Alejandro Reyes Rodríguez Domene, a los 81 años, en su Almería de corazón y pin. La de su infancia «en la escuela de los cagones de la calle Almedina», la del hijo del municipal, en la que buscaba por el hotel Costasol a Lennon y por el Catedral, sesenta años después, a Ridley Scott, porque además de la música, el cine fue su otra pasión.
Aquella experiencia musical en aquella España efervescente le llevó a anunciar en aquel colegio mayor conciertos de todos los cantautores del momento de la protesta, tenían casi siempre en puerta a la policía o a un  infiltrado censor. Después fueron viniendo los grandes conciertos de todos los músicos de jazz (tuvo  amistad con Tete Montoliú) y de flamenco, fue casi el acogedor de todos. Infinitos los nombres propios de estos géneros que han pasado por el destartalado salón de El Jhony, el sobrenombre del colegio. A su labor personal y como club en el año 2011 le entregó el rey hoy emérito la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, que recogió personalmente, algo de lo que estaba tan orgulloso como de que le invitara a su toma de posesión Obama. La película ‘Club de Reyes’ es  también un claro homenaje al finado y su labor.

Con Tierno

Siendo el ‘eterno colegial’ -lo que mencionaba sin rubor-, en los años ochenta, con el inicio de la segunda legislatura de Tierno Galván fue nombrado jefe de servicio de Cultura del Ayuntamiento de Madrid; a él le pilló en las escaleras del escenario aquel sarao de la consigna juvenil que inauguró la Movida Madrileña, cuando el viejo profesor dijo: «El que no esté colocado que se coloque y ¡Al loro!», lo que a Reyes le pareció un exceso, se mantuvo con Barranco, y como decía la canción de Los Refrescos aguantó hasta el ‘que haya’ que no era otro que el coleccionista de arte y hombre taimado Agustín Rodríguez Sahagún. Este le dejó estupefacto cuando en un evento importante con un escenario montado y un temporal que imposibilitaba mantener la ubicación para su celebración al día siguiente, le preguntó por el concejal de área, quien a ‘hurtadillas’ se había ido a un país sudamericano; ante él el regidor conservador llamó al responsable último y solo le dijo «le quiero a usted aquí, para arreglar esto, antes de doce horas». Respetaba mucho a Sahagún pero en el ayuntamiento madrileño había empezado la caza de brujas y Alejandro Reyes fue siempre un ‘tío de izquierdas’.

Camarón, la última vez

Creó Cultyart, su gran empresa, allí con Cuchi y Lola de Pablos fueron configurando y metiendo la cabeza, con un buen apoyo de Cajamadrid, en la programación flamenca capitalina, y extendiéndose a gran parte de España, con la continuidad del Festival Cajamadrid, tan prestigiado, y la creación del premio ‘Calle de Alcalá’ que como todo, con su retirada, también dejó de existir. A la par continuaba su trabajo en El San Juan, trayendo a lo más granado y donde hubo un hito musical, fue donde actuó por última vez en 1992 José Monje Cruz ‘Camarón de la Isla’ acompañado por Tomatito, que intercedió como paisano para que se diera el evento, que se editó en registro sonoro hace tres años.
Alejandro y Tomatito han tenido una relación tan estrecha que cuando falleció el Genio de la Isla y muy decaído el guitarrista «tanto que hasta había pensado en abandonar la guitarra profesional», Alejandro le alentó para que siguiera y orientó, pero no quiso llevar su carrera porque Cultyart era una agencia promotora de espectáculos que nunca quiso convertirse en una oficina de artistas.
Para su Almería creó el ‘Almería por Tarantos’ en Madrid (justo en esa programación fue la última intervención de Camarón) y se hizo cargo durante tres lustros del Festival Flamenco de la ciudad. Avistándose el 2005 y los Juegos Mediterráneos ideó un nombre y una finalidad ‘Encuentro de las Culturas Mediterráneas Alamar’ marca que regaló al Ayuntamiento de Almería que alcanzó sus grandes cotas hasta el 2011 y que se basó en traer música de raíz, que es en lo que estaba especializado su proyecto profesional y con lo que trabajó también en muchísimos festivales que se mantienen, con prestigio, en el norte de España y Levante.

Los pagos y la música de raíz por el mundo

Los flamencos y jazzistas de todo el país (los segundos también internacionalmente) lo reconocían como uno de los grandes promotores de ambos géneros. Cultyart, con gran solvencia y prestigio trabajaba fuera de Madrid esencialmente para organismos oficiales, especialmente ayuntamientos, y esto en el mundo de la música desde los años ochenta era una garantía, pues adelantaba los cachés a las rémoras de pago que siempre han tenido estos organismos (de media, a las buenas, 90 días) un disloque para unos profesionales que ‘vivían al día’ así que la intercesión también procuraba un ‘prontopago’, tan es así que en la época de José de la Tomasa se acuñó el: «si quieres que te cante, el dinero por delante».
Alejandro y su equipo más directo reconfiguró un mundo de profesionalización musical especialmente en la llegada de lo que vienen siendo las bienales y cumbres (especialmente flamencas), un modelo que ha venido sustituyen a los ‘viejos’ festivales, creando a su vez puentes con su red de contactos para traer músicas de gran raíz y llevando la nuestra, el flamenco, a cualquier latitud.

El retiro

Ya jubilado recibió de la Peña homónima El ‘Morato de Oro’, se instaló definitivamente en su piso de la calle General Luque, su barrio de toda la vida, donde paraba también cuando volvía a Almería por motivos de trabajo, seguía siendo el enamorado del arte y manteniendo su adscripción a los clubes de Amigos del Thysen y el Museo Del Prado, aunque cada vez iba menos a Madrid. Se recreaba en sus pelis, y atendía con profusión su Facebook, seguía  frecuentando los bares: un vinito aquí una tapita allá, cada vez más en las cercanías de su casa. Muchos saludos y muchas conversaciones y polémicas, era un gran hablador y pertinaz observador de lo humano y lo divino.
Se ha ido -no habrá acto religioso o civil de despedida, solo se procederá a su incineración-, un gurú de los encuentros musicales, culturales, conversacionales, un creador de oportunidades y vida. El gran invocador de la «música en vivo», donde vive la música.
D.E.P. Alejandro Reyes Rodríguez Domene

Luis G. Yepes, coordinador de la revista Ondeando

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