Aquello sonaba, porque aún como un susurro suena. Perdida la mirada en el fondo, porque en el tránsito había mucho esfuerzo consentido o buscado le agradaba el sonido. Por un momento se le vino a la cabeza algo que no estaba ni en el cuerpo ni en las barras metálicas. Soñó. En un momento apareció rompiendo el horizonte (la línea del horizonte, se entiende) la coqueta infanta con su papá del antebrazo, casi a su altura, el cantil abajo… Reparó en lo que sirve de guía, al frente, siempre estuvo aquello allí rompiendo el horizonte, pensó el que soñaba, y nadie se quejó, tampoco era para que ahora lo hiciera él cuando era tan tierno todo lo que se movía, la atalaya metálica siempre fue tan dura como útil para los que no sueñan desde la orilla, desde tierra firme, hablemos con propiedad. La niña andando le daba un aire férreo, por ser ella tan dúctil.