El agua llama porque el termómetro aprieta, mercurio y sal para un mes augusto que viene tan largo como su predecesor: con un día de recargo, lo que se acusa en las circunstancias de rareza en que vivimos, que es el más común comodín conversacional desde hace un cuarto de año. Pero la gente se acerca al gran medio de comunicación, refresco y sustento que es el mar, y ante él a algunos los paran antes de llegar donde se orilla porque hay aforo limitado, y a otros la brisa no les ha enfriado la cabeza, cuando se menea algo por el aire, que no es siempre.
Unos intentan presionar, y otros no hacen más que discutir, pero el tiempo no cambia, el ambiente sigue paradójicamente sin hacerse cargo ni hacerles caso a unos ni a otros, porque está por encima y por abajo… Así que tendremos que estar preparados porque agosto es casi un imperio, por eso lo bautizó aquel Octavio que no predijo que este 2020 iba a llegar con un reloj y un calendario escacharrados.



