Hay lugares reconocibles a no ser que te ciegue la lluvia constante en cortina, el sueño de la primera hora en la que vas como autómata o el empercudío del parabrisas que llevas limpiando desde ayer. Hay sitios con gente a los que solo se pude ir andando, así que esto último mejor quitarlo y olvidarlo. Vas andando con los ojos bien abiertos y te das cuenta por donde vas porque están ahí los chicos de siempre a la hora de siempre… porque le dan suelta, y vas más para allá y te das cuenta que es la calle donde solo te puede pillar un patín, y que estas en Almería porque lo pone en un rótulo, no, ¡qué tontería! porque la conoces de toda la vida con sus carteles que hoy se reponen o renuevan o sustituyen, o a los que sólo les falta un tornillo para no acabar ocupando también la calle a tu altura.