Para la estancia de los días de deseo se han tenido que preparar todos esos bultos, bultos empaquetados que ven en un lugar de paso, porque ya ven que hay alguien de paso, y espera, también parece que se ve. En un momento todo habrá cambiado, el de paso habrá llegado y los que esperan habran encontrado dónde quedarse por más tiempo que ahí, en mitad de la calle.
En la gran plaza, en los días de salidas y entradas los que quieren venir a escuchar música, no extrictamente de cornetas y tambores, tendrán una bienvenida de aeropuerto, pero en un sitio donde se llega rodando o andando, nunca volando. Sin saber para dónde tirar, y eso si que es raro para un padre espiritual, el cura con su negro de ‘grajo’ que dicen en el Uruguay, se encuentra parado, pensando… Los demás son ajenos.



