Llegado el tiempo de entretiempo no hay mas que esperar lo que repara la ‘normalidad’, esa palabra tan bien conformada cuando nos asaltó algo por sorpresa. Acogidos al ritmo de los días que volverán a discurrir por la acomodaticia vida cotidiana, entre que se va el sol del todo hacia el cambio de hora y se sacan del armario las cosillas que se guardaron ¿por mayo quizá? uno o una puede sentarse a esperar, sin aburrirse del todo, o mirando con denuedo una mota de polvo que ha traído suspendido el aire o la brisa de la tarde, la tarde que lo hubo. Se plantean proyectos, se proyectan deseos, su espera lo que ocurra. Después de la mota vista y no vista la figura se podrá erguir y echar a andar, en busca del tiempo de entre tiempo.