Se pensaba solo en el fuego, ese que purifica y que aumenta la gradación de esto que se nos ha venido… Cuando alguien dijo que no se habían acabado las tareas, ni porque el calendario haya pasado su frontera de los días lectivos, como si los otros fueran iletrados, ni porque el empuje a la calle de noche y a la sombra (como cárcel confortable) en las horas meridionales del día. Que no hay suspensión de actividad, solo cambio de planes. Así ni en los sueños que dejaron las bocamangas y las mascarillas, en estos tiempos raros y reiterativos (esto ya ocurrió antes, no recuerdan porque son amnésicos todos) no se cierra por vacaciones, así que manos a la obra que la tarea es mucha, desde el monte hasta la playa, como cantaran aquellos sudamericanos y esos otros catalanes que no dejan nunca de estar aunque hayan apagado sus giras… Toca arremangarse como una idea de futuro y ponerse (¡no me jodas Bartolico!) manos a la obra, no es nada tan alto ni épico pero tenemos que insuflarle emoción, cojón, es simplemente echarle a las tareas un ratito, aunque nos parezcan impropias del tiempo o de nosotros mismos. Es lo que tiene haber superado el siglo veinte, cambalache. ¡Leche!