Son maneras diferentes, para gustos diferentes. Pero él es caprichoso, llega cuando quiere y se va cuando le viene en gana, amainando más o menos bruscamente, a rachas, casi de sopetón si lo prefiriera. A él le dan igual las maneras porque no aprecia el mundo de las formas; es informe aunque a veces te eche tierra a los ojos, como los enemigos rabiosos en un ímpetu de mierda en el que demuestran su impotencia y su cobardía, porque tras eso cambian de sentido, huyen. Él no lo hace así porque no es un enemigo de mentira, para los que no disfrutan de su apego lo es de verdad, tan de verdad que no hace mucho segó un árbol erguido y este chapó dos vidas que minutos antes iban transitando alegres a un destino. Se les jodió. Él ha vuelto como hace cuando quiere de Poniente o de Levante, con sus altos vuelos y sus bajas rachas y pese a los muertos que haya dejado… ¿En el camino? No es muy bueno este recurso, pero no encontramos otro. Son -o parecen más-, los ansiosos de libertad desde tiempos inmemoriales que con su fuerza alcanzan cotas de plenitud. Claro está porque no venimos sufriendo los arrebatos que le entran cuando va por Centro América o Caribe. Si fuera así íbamos a estar dando menos ovaciones cerradas a lo que es hoy un espectáculo, pero tampoco aquello existiría hoy para nosotros.