Te pidieron el código o pin, tus hijas. En un momento de lucidez, mientras ibas al baño lo recordaste. «¡Camarero! ¿me deja un boli?». Lo había, los bares han sido siempre lugares socorridos, para esta necesidad y otras. Lo sabes por los años, y por los lugares transitados, y para de contar. No escuchas muy bien. No estas dormido, pero aprietas con el ímpetu con que hiciste todo en tu oficio esta herramienta que va en funda para conservarse mejor.
Era sosegado y nunca había montado un número, por muy bebido que fuera, hablaba musitando, así de a poco, pidió alguna vez cuando la pequeña paga se había gastado y la necesidad acuciaba, le hablamos en pasado porque ha entrado en el mundo de los sueños, al raso como los pastores de la Navidad, ahora en vísperas de la Semana Santa, no ha olvidado nada, pese a todo, sabe que al despertar y si se repone en el asiento o si no, alarga la mano y tendrá otro trago, no sabe el número.

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