Estaban deseandico, aunque algunos incluso eran timoratos, los niños con sus tutores pudieron tomar un domingo una hora de sol en plena vía. Los perros llevaban acompañando a sus dueños desde el principio del nuevo estado que era una cosa rara respecto a una luna y pico de atrás, pero que estaba pariendo un concepto como un melón por abrir: con pepitas y hebras pero más dulce, menos, más acuoso, más hacia pepino o hacia papaya que se iría sabiendo en la próxima luna. Habían llegado solo las nuevas sandías, las extratempranas ese era su nombre, y el melón se iba a llamar ‘Nueva normalidad’, cuando estuviera para abrirse. Aún los perros no entraban en las carnicerías, al menos en esa de la foto, y los niños y sus madres iban con mascarilla y guantes a diario, esos también de la foto. Estaba por abrirse el melón del todo, rajao de arriba abajo, para contemplación humana.