Con la destrucción del de Avenida de la Estación y el patio Verbena la nómina queda reducida a nueve

Las retroexcavadoras han acabado con la gran casa de tres balcones y su patio interior, que albergó hasta ocho familias, en la Avenida de la Estación número 21, gran avenida de ensanche que mantuvo este patio como una muestra de forma de vida singular y que en los últimos cinco años permaneció abandonado.
El patio de la avenida pertenecía como los antiguos cortijos de cuando esa zona era vega, a la casa señorial y las casitas de vecinos o aparceros. Con su desaparición para la construcción de un nuevo edificio en altura, Almería ve mermada en su traza urbana este tipo espacio convivencial y de acceso a viviendas que en algunos casos era púbico y en otros privado. A la destrucción del patio de Avenida de la Estación, le ha antecedido hace un año la desaprición del Patio Verbena en el Barrio Alto.
En la mayoría de casos los patios se componían de casas pequeñas, de dos habitaciones, que contaban con muchos vecinos pese a las reducidas dimensiones de los habitáculos, de unos 20m2, desde su creación en el XIX. Hoy, los que se conservan, unos  diez, se centran en las zonas históricas: Pescadería-Plaza de Pavía, Barrio Alto-San Félix y Calle Murcia-Avenida de Vílchez.
Entre los datados por Ondeando en la primera zona mencionada se encuentran el de Rosario, en la calle del mismo nombre que desemboca en la Avenida del Mar; el Patio Fernández, abierto por ambos lados y al que se accede desde la calle Reducto (es el más poblado con 18 viviendas) y ya bajando hacia el centro ciudad el Patio Santa María, tras la ermita de San Antón, y desde la calle San Juan se puede uno introducir en la calle Borja, donde está el patio de igual nombre.
En el Barrio Alto que hubo varios, con la reurbanización frente a la Cruz Roja se ha destruido el Patio Verbena, que coexistió con el de la calle Molino, quedando hoy como única muestra en la Calle San José Obrero el llamado Francisco de Herrera y desde la calle Granada el de la calle Hiedra.

Gordito y Calandria

La calle Murcia y aledaños acoge los más cuidados y antiguos, con el patio Gordito, cerquísima de la Rambla Amatisteros (donde estuvo la primera plaza de toros y que cuenta con una traza curva por ello) y el patio Calandria, de buena conservación. Hacia el otro lado de la calle Granada, desde Lepanto se accede a los confrontados Patio Limones y Castillo, y por la calle Vinuesa al Patio Algarra, hoy de un solo propietario.
Almería que no ha tomado los patios como un aliciente para el tutista, ni integrado en sus visitas guiadas, ni datándolos y poniéndolos en valor por la administración o los guías, incluso desconocidos por gran parte de la población autóctona, ve sucumbir, ante la memoria de quienes allí vivieron, unos lugares que en el pasado siglo, y hasta llegada la democracia, fueron escenario del niño que salía de comunión, la novia que salía para casarse, el juego de canicas, los gallos cantando, las visitas, los velatorios y la ropa tendida. Los patios, esos espacios reducidos de vida comunitaria, tan comunitaria que en muchos casos se compartían cocinas y retretes,  mantienen su aire singularísimo, los que perviven, y especialmente los que se mantienen habitados.

Luis G. Yepes

Imágenes: Patio de la Avenida de la Estación en intervención de febrero y como estaba hace un año.
Patio Fernández con vecinas, el más habitado de Almería.
Patio Borja con la Alcazaba coronándolo.
Entrada al patio Gordito por la Rambla Amatisteros.