Se ha cruzado la orilla del tiempo, porque es mudable siempre y aunque se crea que conforme uno avanza el horizonte se aleja, el calendario va un día y te suelta un dardo; y el cielo va otro, distinto, y te esparce un viento o una regadera y en el horizonte, siempre tan lejano, te ves sumido y puesto al día, que se acorta. Entonces puedes buscar unos sucedáneos de cuando el minutero te permitía que te bañara el tiempo, y te resistes a echarte algo por lo alto. Te vas buscando el escenario para contemplarlo sin actores, o quedas ahí anclado hasta que lleguen en 245 días la época preferida. Es ley.