La muestra de la fotógrafa catalana estará en el CAF hasta el 1 de marzo

Nacida el 24 de agosto de 1940 en la ciudad de Barcelona, podríamos decir que todo en apariencia era de una niña normal, pero en realidad estábamos mirando a una futura artista absoluta en brillantez. Desde pequeña tuvo acceso a aparatos mecánicos y tecnológicos gracias al trabajo de su padre, y a los 12 años adquirió su primera cámara fotográfica.
Isabel Steva Hernández sólo corresponde a la realidad mortal del papeleo y la identificación corriente según cuenta, su nombre real procede de las entrañas de su arte puro, Colita que en esta muestra que presenta en Almería la Fundació Catalunya La Pedrera se titula ‘Colita ¡Porque sí!
Su obra es un excitante repaso que podríamos identificar entre la fotografía histórica y el testimonialismo; como su preciosa fotografía de la gran nevada de Barcelona de 1962, el retratismo y las artes y el glamour.
Sus deliciosas composiciones jugando con perspectivas y temáticas (la mayoría adelantadas a su tiempo 60-70) están en un armónico blanco y negro que no cansa, que no agota, que llega, y llega hondo.
De estas dos décadas son sus acercamientos al mundo del flamenco y la literatura, al primero desde el encarto de la foto fija paral a película ‘Los Tarantos’, que después se aportaría en el libro ‘Luces y sombras del flamenco’ de Caballero Bonald; así hace planos cortos y gestuales de los flamencos del momento como la mítica de Mairena en la calle Pureza a la llegada de los jóvenes del realismo mágico a los editores catalanes con García Márquez o Vargas Llosa como dos ejemplos.
Dentro de su affaire con el mundo jondo hay algunas tomas sencillamente geniales, por nombrar una, la foto de la Chunga en su camerino del Corral de la Morería en 1965 es claramente una foto que rompe con todo lo conocido, puro Instagram, pura influencer.

Testimonios publicitarios

Pese a que jamás hizo fotografía publicitaria muchas de sus instantáneas son preciosas tomas que podrían pasar por autentica publicidad pop art, el cartelismo retro de los letreros y productos que se cuelan en sus fotos de la Barcelona de la época lo testifican, como las preciosas fotos del barrio chino de Barcelona. O la genial y afamada foto de la diada del 11 de septiembre, donde se cuela como por obra divina un cartel de Coca Cola, y es que este tipo de mezclas son ahora llamadas postmodernidad, pero Colita ya las dominaba antes de la llegada de internet y los movimientos artísticos ligados al low bro.
La urbanidad casi omnipresente en su trabajo aparece cruda y real, pero con un toque dulce y con encanto, así en su foto de la Pedrera de 1982 tenemos elementos comunes de la idiosincrasia de la Europa mediterránea fantásticamente descrita en la gran Barcelona como los trapos colgados de un impoluto color blanco que parecieran estar haciendo una performance en la terraza de la casa diseñada por Gaudí.
Otro de los puntos fuertes del trabajo de Colita sería el pilar activista; el feminismo, la lucha de la clase obrera, la dignificación de la etnia gitana y los movimientos LGBT. Fotos hechas desde el corazón donde nadie es víctima y las figuras son catapultadas casi de manera inmediata al estrellato con más brillo. Así algunas hermosas tomas son tan atractivas que esquivan el drama humano que retratan como las fotos de los autolesionados de la COPEC de 1978 o la chica de la Verneda.
Esas composiciones bien podrían ser la comunión de la foto con el mismo videoclip. De hecho, no sería nada rocambolesco que las divas del Pop pudieran haber bebido de esta exposición para sus perfomances.

Imágenes comprometidas

Manteniéndonos firmes en la ola expansiva de su fotografía crítica y activista descubrimos el concepto “antifémina” nombre también de un libro que recoge algunas de sus fotografías relacionadas con el tema, que al ritmo de su análisis y estudio podría caber en tantos cajones conceptuales que resulta sencillamente delicioso. Un feminismo redondo y divino donde jamás se pierde el toque erótico y poderoso de la exuberancia de la sexualidad femenina, entendida a la manera del Hollywood clásico y las pin ups. Antifémina que además juega a deconstruir la imagen tradicional de una mujer que buscar gustar a los hombres, porque ya hemos dicho que es un todo vale maravilloso, como en la imagen de una mujer perfectamente maquillada con pelos en las axilas; reivindicación, protesta, sexo, humor, arte.
La foto de Ocaña y su amigo Camilo de 1977 es de una calidad abrumadora, nada mejor que una diosa fotografiada por otra diosa. Esta foto une la lucha de las minorías LGBT de un país que empezaba a salir de una época negra para las libertades sexuales. La foto de la manifestación gay del mismo año en Barcelona tiene tanto poder como kilos de divineo. Y es que además esta manifestación fue la primera manifestación pública en España de gays, lesbianas y transexuales que hartos dieron un puñetazo sobre la mesa. De nuevo héroes retratados por una heroína.

Pasiones y encuentros

Colita pasa su vida rodeada de fotógrafos famosos y personalidades de la cultura y después de un año en París, tiene la suerte de colarse hasta las entrañas de otras de sus grandes pasiones artísticas; el flamenco.
Su pasión por Carmen Amaya se nota a kilómetros, y es que el lujo reconoce al lujo y se identifica aquí con un retrato a tres cuartos y una escena ya icónica de la película ‘Los Tarantos’ en la que la diva del baile parece se va a precipitar desde la montaña de Monjuit.
Del flamenco a los retratos de animales domésticos (la imagen favorita de Colita en toda su obra paradójicamente es la de un cerdo que parece estar riéndose), celebrities, barrios populares, travestis, obreros, composiciones de videoclip (no se pierdan la de la Boda de Mercel Bergés de 1962) y hasta una tira cómica titulada “El Piropo”.
La exposición puede ser visitada en el CAF (Centro Andaluz de la Fotografía), C/ Pintor Díaz Molina hasta primeros de marzo de este 2020.
Rubén Fernández/ALMERÍA