Al acabar la canción el cantautor dijo «Para que ustedes comprendan… Eran tiempos de gran incomunicación», con su acento de nariz atorada. El poeta publicó una novela que tituló ‘No me cuentes tu vida’ y el novelista del otro lado del charco una novela, propio, que contenía estas palabras: ‘No se lo digas a nadie’ de la que hicieron una película. Pero aquí estamos nosotros ajenos a todo eso, lo hemos puesto porque alguien nos lo dijo (cada cosa) en distintos lugares, el otro día. Esas gentes viven bien y piensan, o pensaron cuando hicieron o dijeron o se les ocurrió decir o que imprimieran esas palabras, ellos sabrán. Ahora toca coger el móvil, bueno, lo tengo ya, no lo tengo que coger, y marcar y que de pronto nos digan «¡qué dices!, ¿cómo estás? ¡guapa!..» pamplinas por el estilo, porque ya saben que somos nosotros antes de decir nada, en estas fechas lo sabemos y lo esperamos todos, es nuestra endogamia. También lo sabían el cantautor y el poeta-novelista y el novelista del otro lado del charco antes de ponerlo, lo sabían de antes, por eso lo pusieron. Quien te ha cogido, de entrada, después de saber que eres tú, también sabe qué le vas a decir: de entrada, luego, cuando vayan andando al pasillo, el comedor, el baño, la cocina, quizá se encuentren otras cosas menos amables, todo depende de ti. Lo mejor es que los dejes en la entrada, después cuelga, cuelga es un decir muy antiguo, pulsa, como un detonador que derriba un edificio, como el concursante de la tele, como los coach del programa de cantantes y bailarines, pero en pequeño, con tu ridículo índice sobre el cristal plano que te refleja estúpido y enano. Puedes suspirar después, no es obligado, como el cantautor que en el chorro de canciones dijo aquello, el poeta cuando vio que había llegado el punto y final a su novela y el novelista que vio hecha peli su trama de papel… Este último se frotó las manos, pero si tú quieres o puedes, o entiendas que merece menos: ¡sólo suspira!, hazme caso, como si fuera tu profe de yoga, tu psicoanalista, la cajera que te dice que si tienes la tarjeta del negocio que le paga. Suspira pero no hagas cola, ¡eh!


