Esperar es aburrido por lo general, y por lo particular también, tengas diez años u setenta veces lo mismo, osea multiplicados los diez por siete, lo que ha venido siendo el compás de la vida. Se espera a que acaben los padres, con el estrés que eso podría provocar si no fuera porque hoy hay un entretenimiento a mano; se puede desesperar porque el semáforo ese está mal regulado, o mal regulado para nosotras, que lo conocemos de sobra. Se nos hace pasar el tiempo así, aunque en los informativos digan que todo va veloz, supraobsoleto todo lo de ayer, pero ellas se han dado cuenta que está cayendo hacia atrás su sombra lánguida por el sol de la tarde. Ellos en el tranco del negocio con puerta de cochera espera que los padres acaben con los chupitos, proyectados en sus pantallas, a la sombra de la calle, con los restos de la comida. El semáforo se pondrá en verde y llegará el taxi. Los papás acabaran con los chupitos y con los chistes. Llegarán a algún sitio posterior ellas y sus sombras.