Parecía que nunca iba a dar la cara, en esta latitud sur, mas en el norte pirenaico tampoco, pero como un soplo se tornó el sol con la luna llena y con las hojas perennes de los setos. Ha vuelto el otoño que nos echa la noche en lo alto, por eso cataliza toda la atención la luna que nos pone las hormonas, o las neuronas, en una revolución narcotizada; parecía que íbamos a tener un ambiente Caribe hasta el turrón, pero no. En la tarde temprana ellos y ellas que no tienen jornada de tarde, o quizá sí, un poco más tarde, por los hijos de los hijos,  cuando salgan de los asuntos particulares que no son la escuela pública, hasta entonces, si es el caso, hacen un alto en el camino de tierra donde están los bancos dispares de los que dispone la ciudad, para comprobar que en poco se asomará un fundido en negro en el cielo de la tarde, pero entre tanto les reconforta el último rallo del Rey Sol refugio del otoño, amparo de la tarde, espalda de la cara de la mañana.