Subía un buen día el rey moro
desde El Puerto a La Alcazaba
cuando quedó estupefacto
al ver lo que se mostraba
en el gran televisor
que ante un comercio se hallaba.
Preguntó con impaciencia
que es lo que allí se enseñaba.
-¿Es que no sabes señor
que hubo elecciones pasadas?
le contestó una doncella
con voz aterciopelada.
-¿Elecciones? Dijo el rey.
Y eso, mujer ¿de que trata?
-Muy sencillo mi señor,
respondió al punto la dama:
los políticos prometen
lo que el pueblo les demanda:
viviendas dignas, pensiones
trabajos…y otras mandangas.
Después los paisanos vamos
a un lugar donde se hayan
unas urnas de cristal
y unas cabinas cerradas.
En unos sobres metemos
unas papeletas varias
para elegir los alcaldes, alcaldesas,
diputadas, presidentes, presidentas…
En fin, a esos gobernantes
que guiaran nuestras almas
durante los próximos años.
-Y..¿ ya está? Dijo el monarca.
-Aún no, respondió la dama.
Después se abren esas urnas
y los sobres se destapan,
se sacan las papeletas,
se cuentan, y aquí se acaba
eso que llaman las gentes
mal llamado democracia.
Y …¿quien gana? dice el rey.
Pues mi señor, todos ganan
rojos, azules y verdes
o morados y naranjas
Porque después entre ellos
sin sacar una baraja
se pasan los quince días
jugando y pactando alianzas.
Los verdes con los azules
los rojos con los naranjas
los morados con los…
bueno, ya veremos lo que pasa
con los morados ahora…
Y el rey pensó… ¡Vaya guasa!
Y siguió andando tranquilo
Camino de la Alcazaba.

Alícaido (El morisco deprimido)

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