Hay unos elementos arquitectónicos que nos permiten estar, sin estar. Asomarnos sin arriesgar demasiado, grandes y pequeños y más grandes lo saben, porque aunque la copla popular diga lo contrario: ‘Almería es bonita’. Ha sido la manera de tomar el aire y fue el lugar para aplaudir (hace un añito) no a la representación de madera polícroma que debía transitar las calles, sino a los que estaban enfrascados y manos a la obra de atender a seres de carne y hueso. Ahora los balcones que sí, tiene la ciudad, sirven como siempre lo hicieron para salir a la nada cotidiana que es respirar. Atentos a las coplas laicas, que tantas tuvo el acervo levantino y orquestal -y el verso popular por ende-, seguimos contando con unas ‘chiquillas que roban los corazones’.