Ni al Puerto ni a la Alcazaba
fuere el rey moro aquel dia
que quedó pintiparado
ante un negocio que abría
sus puertas a media noche.
Dentro unas luces marchitas
música suave, indolencia
copas, besos, cantos, risas…
Sin duda el buen rey estaba
ante una burdelería,
No era negocio moderno
pues burdel o mancebía,
lupanar y ‘puti cluses’,
de muy antiguo existían.
Pero este virus maldito
que a las gentes sacrifica
y va de brote en rebrote
según cuentan las noticias
dio en el lugar ‘positivos’:
tres clientes y dos chicas.
La autoridad de inmediato
rastreó todas las pistas
de los posibles clientes
mas como nadie quería
darse por reconocido
se llamó a la policía
para que fuese avisando
a los asiduos juerguistas.
Les llamaron a sus casas
para darles una cita
y hacerles un ‘pe-ce-erre’
que así llaman la analítica
que determina si estás
con el virus en capilla.
De cientos de analizados
de la simpar mancebía
solo tres se presentaron
cuando se les requería:
un viudo, un camionero,
y un viejo que pidió un día
permiso para ir al water
pues próstata padecía.
Total que cada cliente
ha infestado en su familia
a doce o catorce miembros
que a su vez lo han trasmitido
a otros tantos en pandilla.
Ya son cinco mil quinientos
solo en nuestra autonomía.
Pero al ser itinerantes
las trabajadoras fijas
del burdel de los pecados
de lugar cambian las “niñas”
y el virus ya se ha extendido
por catorce autonomías.
El buen rey ante la puerta
sin saber bien lo que hacía
entrando en el puticlub, se dijo
NI CASO. ¡Que un día es un día!
Alicaido (El Morisco Deprimido)