Subía aquel día el rey moro
desde el Puerto a la Alcazaba
cuando ‘paróle’ un paisano
que esta cuita planteara.
-Decidme, mi buen señor.
¿Es cierto que de aquí a nada
va a implantarse en Almería
y en su UAL, (“Luminis” clara),
una nueva facultad con sus
aulas y pizarras
donde impartirán sapiencia
aquellos que hallaron fama
en las medicinas artes
que dicen los cuerpos sanan?
Como: Hipócrates, Galeno,
Esculapio (el dios del alma)
que devolvía a la vida
a los muertos en batalla.
O Averroes, Abulcasis
Maimónides el judío
de Cordobita la llana.
O el gran Pasteur, Paracelso
Marañón, Vallejo Nájera.
Incluso aquél Juan Negrín
de ideas republicanas.
-Tan cierto parece ser
contestó el rey a las claras
que futuros estudiantes
andan ya comprando batas
para hacerse especialistas
en las diferentes áreas:
Cardiólogos, oftalmólogos,
internistas y otras tantas
de especialidades cientos
que hoy la medicina alcanza.
Expertos en pies derechos.
Especialistas en almas,
que “antier” nos curaba el cura
Y hoy lo arreglan los psiquiatras.
Cirujanos de narices.
Estéticos de la cara,
de los ojos, las orejas,
de las piernas y las nalgas,
y otros tantos “mondonguillos”
que hay dentro de nuestras panzas.
El paisano meditando
contestación tan extraña
volvió a preguntar al rey
-¿Pero de tantos de cientos
que saldrán de “aquestas” aulas
no habrá alguno que te mire
bien al cuerpo o a la cara
cuando estés en su consulta?
¿Y te palpe las bisagras
o te ausculte los pulmones
o te mire la garganta?
Y no se esconda taimado
tras la inocente pantalla
de su ordenador de mesa
mandándote unas pastillas
que buscar en la farmacia.
-¡Apañado vas paisano
si es eso lo que tu aguardas!
Y el rey se fue lentamente
camino de su Alcazaba.

Alícaído (El Morisco Deprimido)