Parará en el auditorio de Roquetas el próximo 31 de octubre con una gira en la que lleva meses recorriendo en acústico. No es la primera vez que pone este formato sobre el escenario, pero sí que lo hace de un modo aún más cargado de su autenticidad humilde, como un artista de bares anónimos y teatros rurales en lo más alto de la cima. Manolo tiene esa capacidad de crear canciones que desde la primera nota suenan como canciones añoradas del recuerdo, aún siendo nuevas. Su música está caracterizada por una mezcla entre la nostalgia tradicional, la inclusión de lo genuino moderno y letras que viven dentro de la música, narradas con la rima de un escritor póstumo al que uno se asoma para aprender de las cosas de la vida.
Manolo, su sencillez, provoca traer un espectáculo cargado de guitarras acústicas, españolas, contrabajo, ukelele, coros armónicos y varios hang para melodiar aquello que es nuevo partiendo de lo natural.
Eso sí, seguro, su entrega hará sentir al público como el artista y no a él. Manolo sabe muy bien que para que un cuadro pueda ser un cuadro necesita de los ojos del que mira; para que la música pueda ser música necesita de los oídos del que oye; y para que el arte sea arte tiene que estar presente, y no ausente, el público.
Por ello su música es pura, sin presencia de grabaciones o arreglos escondidos. Yo canto, tú cantas. Yo bailo, tú bailas. Yo expreso, tú expresas. Adquiere así su directo una comunión que demuestra que la auténtica humildad sencilla es el mas grande de los talentos.
Manolo García es de esos artistas muy escasos lejos de focos, redes sociales, interacciones frías y estáticas con sus seguidores. Siempre aparece como el fiel amigo, sin avisar, justo cuando lo necesitas para ayudarte sin más razón que esa ayuda. Quizás por eso le ha nacido la expresión de lo más sencillo, un acústico sin llevarlo al soul, sino como ejemplo de esa singularidad mansa y humilde para un público sediento de recordar lo nuevo y así también él aprenderlo.

Manuel Cuevas