A una semana de haber cambiado tus hábitos, a una semana de aquello que creías posible y ahora ni sabes, debes de tratar de adaptarte a la incertidumbre, aunque ella siempre estuvo ahí, y aunque habías aprendido a esquivarla, en poco te ha cazado.
Casi 9 de 10 personas afortunadas en la lotería con un premio abultado terminan en menos de diez años o arruinadas o suicidadas. Las personas que acaparan fortuna tienen mayor ansiedad que aquellas que viven de lo básico, porque el miedo a la pérdida es directamente proporcional a la cantidad amenazada por ella.
Luchas por lograr, pero una vez que lo tienes pasas la lucha a que se mantenga, crezca o cambie.
Es decir, estás siempre en guardia, y eso te lleva sin remedio a tratar de controlar y tomar decisiones de control que en realidad están completamente alejadas a tu capacidad de elección. Sin embargo tu punto de vista es constante en tratar de que todo esté bajo tu forma particular y personal de entender qué es lo que debe de ser. Pero la vida tiene sus ritmos, su magisterio, su invariable manera de expandirse, y tu interés, motivación y tesón en tomar el control es ridículo frente a su verdad.
El factor incertidumbre siempre ha está ahí, desde tu nacimiento hasta el final de tu vida. Porque la incertidumbre es un concepto completamente relacionado con esa variable que sabes que no puedes tener controlada, por mas empeño, por bien que lo hagas. En el fondo reconoces que todo puede irse al traste por mucho empeño que pongas en tus deseos. Y entonces lo que haces es poner más y más esfuerzo en lograr aquello que sientes que tienes que lograr, para que no te sea arrebatado, para que las posibilidades del ‘no logro’ sean las menores posibles, y esfuerzo tras esfuerzo vas queriendo olvidar el factor incertidumbre. Hasta que aparece, y cuando lo hace te sientes amenazado.
Tuya es la sensación de amenaza por no haber tenido en cuenta que la incertidumbre es directa a la vida, y tú has olvidado casi por completo que eres un producto de ella, no que ella es un supermercado en dónde adquirir tus deseos personales.
Nos ha tocado un tiempo en dónde esto se está manifestando con mayor énfasis, porque además no lo ha hecho de forma individual, algo por lo que todos ya hemos pasado en los llamados “nuestros fracasos”, sino que lo hace de forma exponencial y global. Queda aún lo peor, vendrán la frialdad de unas cifras que crecerán vertiginosamente en dónde tras ellas hay atrapados deseos frustrados, vidas interrumpidas –poéticamente hablando, dado que la vida desde el punto de vista personal queda siempre interrumpida–, miedo al miedo, que no es más que la no aceptación de la incertidumbre, del no reconocimiento real de lo que somos, de la exagerada vanidad humana en la que todos nos hemos envuelto.
El mundo rico vive hoy lo que el mundo pobre tanto conoce: la incertidumbre. Hoy no hay mejores ni peores, porque la vida no sabe de esas diferencias. Hoy pueden salvarse, y lo harán, aquellos con poder que puedan sostener una atención medicalizada adecuada, pero la vida, con sus virus y otras calamidades desde el punto de vista humano, contagia por igual.
Para salir de este embrollo sensacional y no aceptar la incertidumbre creamos culpables: poderes, ensayos, decisiones equivocadas, castigo de dioses… y alimentamos con este tipo de proyección la cuestión de que esto que pasa es ajeno a mi. Es la forma de no tomar conciencia de haber vivido una vida propuesta por metas futuras, por el cumplimiento de deseos que nunca son suficientes, por no estar en el presente y ahondar en aquello que la vida sí te ofrece, ahora, en este momento.
No en ayer, que podrías haber hecho lo que hoy se te prohíbe –y que tampoco lo hiciste cuando podías–, sino ahora, en este instante. Pero para ello tendrás que transcender la incertidumbre, y hacerla tu aliada, y dejarla que te acompañe en este presente que es el único momento que tienes.
Mañana no existe y ayer tampoco, es hoy y ahora cuando puedes tomar la vida, porque es hoy y ahora cuando ella es con toda su incertidumbre, y tú formas parte de toda ella, desde ahí podrás disfrutarla, aún cuando consideres que lo que te ocurre no mereces, porque finalmente terminarás comprobando que incluso aquello que no merecías te hacía vivir.

Manuel Cuevas Matilla. Facilitador en Centro Vive