Subía aquel día el rey moro
desde El Puerto a La Alcazaba
cuando detuvo su andar
parándose en una plaza
y sentándose a pensar
así se dijo en voz baja.
No sé lo que está pasando
entre las gentes honradas
y el no saber me preocupa
dándome desesperanza.
Hay una grave epidemia
que por sus respetos campa
causando muertes, miseria,
tristeza, terror y lágrimas.
Empezó ya hace dos años
y nadie sabe la causa.
Unos dicen que fue en China
donde se inició este drama.
Otros que si fue el producto
de una enfermedad malsana
por animales traída.
Y otros que deliberada
fue su llegada a este mundo
con consecuencias y causas
de espurios intereses
que la economía manda.
El caso es que el mundo sufre
sus consecuencias nefastas,
pues más de cinco millones
(unos cien mil en España)
son los muertos que contados
a esta epidemia se achacan.
Ha tenido cinco fases
que algunos llaman etapas.
La primera que recuerdo
fue la que llamaron Alfa,
después nos llegó la Beta
más tarde, la Delta, Gamma
y ahora otra más, la llamada
Ómicrón de mal augurio
pues parece la más brava.
Dicen los epidemiólogos
que con ella, esto se acaba.
Pero parece que no
que los genios también fallan
pues se ha vuelto a detectar
en nuestra vecina Francia
en la ciudad de Marsella
otra variante del virus
a la que tan solo llaman:
‘Be seiscientos punto dos’;
En fin, que esto es la “caraba”.
Pues nadie sabe qué ocurre
y nadie sabe qué pasa.
La incertidumbre campea
entre las mentes preclaras.
Y fuese el rey compungido
A esconderse en la Alcazaba.
Alicaído (El morisco deprimido)