Bajaba aquel día el rey moro
por el centro de La Rambla
cuando llegando al final
allá do la mar se haya,
atónito se quedó
al ver lo que contemplaba.
Unas férreas estructuras
de las llamadas metálicas
ascendían hacia el cielo
sin prisa, pero sin pausa.
-¿Qué será? ¿que no será?
El buen rey se preguntaba.
-¿Irá aquí el señor alcalde
a hacer lo mismo que en Francia
poniendo una torre Eifell
que nos orne el panorama
con ascensor, restaurante
y otras atracciones varias?
Mientras nuestro rey pensó
junto a él a acertar pasaba
uno de los operarios
que el artilugio montaba.
Parándole, preguntóle.
-¿Que esto que aquí se instala?
Y el productor al instante
respondióle sin tardanza:
-Señor, estamos montando
una noria extraordinaria
que asombre a los viandantes
que por este lugar pasan.
-Si es una noria de sangre
cómo en mi tierra se llaman,
repuso presto el buen rey
al ver aquella artimaña
-¿Do guardáis los arcaduces
o canjilones “pa” el agua?
¿Dónde el camello o el burro
que de vueltas sin paradas
amarrado al palo curvo
también llamado almijarra
donde atada va la bestia
para la extracción del agua?
-No Señor. No es de esas norias
que es esta noria feriada
para que el pueblo celebre
con alegría las Pascuas
y en sus grandes arcaduces
se subirán las muchachas.
-¿Y vos que haréis mientras tanto?
preguntó el rey al “baranda”
-Yo señor desde la calle
intentaré ver sus bragas
Y… fuese el rey murmurando
camino de La Alcazaba.

Alicaído (El morisco deprimido)