La calle es la protagonista. Aunque se haya metido un tanto de frío y un poco de lluvia. Es la primavera que embriaga el ambiente de olor a incienso y clavellina. Han cuajado los frutos lejos de aquí, pero los hombres y mujeres de la zona se afanan, a última hora, antes de los días de fiesta, en acabar sus tareas, pues si no… Habrá un  después de montonera. Saben aún así, que lejos del campo, como están, les tocará en cualquier momento sentirse muy cercanos, muy juntos, cuando una calle esté taponada por el señor y su madre. Entre tanto, y en algunos sitios, se pueden hacer operaciones rutinarias extendiéndose a todo lo largo, arrodillándose para el mejor servir a la causa. Configurando un paisaje momentáneo, como les pasa a todos los que taponan las calles.