La ciudad nos da una pista a través de sus habitantes, cada vez más extraños con la dimensión que va cogiendo, extraños entre sí. Al raso, en los días buenos, buenos de temperatura ambiente, en los lugares céntricos, céntricos por transitados, en las estancias públicas, porque todavía no se ha alquilado ese trozo de suelo, la vida pasa, transcurre, se hace presente. La vida con su realidad distinta, dispar, el personaje, la personaje en el hecho, ‘parte’ de lo que le pasa ¿mira y piensa?, o mira solo, o piensa algo, inmóvil por unos minutos, aposentada, diríamos que a sus anchas, mientras el mensaje públicado anuncia a letra de molde una sucesión de nombres, y la figura pública, que tiene una actitud de andar rígido, como corresponde a una estatua, parecen ser los únicos que comunican algo, algo descifrable.