No salió aquel dia el rey moro
de su querida Alcazaba
ni se acercó a ver el puerto
como siempre acostumbrara.
Y os preguntareis porqué
los que seguís esta saga.
Pues será el propio señor
quien vuestras dudas aclara.
-No salgo, porque la peste
que ahora de otro modo llaman
nos está causando estragos
llevándose muchas almas
y han prohibido que salgamos
ni al tranco la puerta de casa.
Todo empezó hace unos meses
en una ciudad lejana
de un lejano continente
al que todos llaman Asia.
Calculan que fue el comercio,
el turismo u otras causas,
que hizo que algunos viajeros
hasta Europa la exportaran.
Y fue el contagio terrible
comenzando por Italia
y después por todo el mundo
la peste fue contagiada.
Ya llevamos quince días
y aun nos quedan tres semanas
de sufrir esta hecatombe
como los griegos la llaman.
Hoy nos faltan mascarillas
ayer no teníamos batas
No habemus respiradores
que son unas escafandras
por donde llega el oxigeno
que a nuestros pulmones falta.
Cada día por las teles
sale ese señor que manda
y nos endilga un discurso
de más de dos horas largas
para decirnos lo mismo
que dijo por la mañana:
¡Que os lavéis mucho las manos!
¡Que os quedéis quietos en casa!
¡Que no tosáis al de enfrente!
¡Que no escupáis en la barba!
En fin, que es un sin vivir
lo que sufrimos en casa
y todos en la cocina
nos pasamos la mañana.
Unos haciendo torrijas
que viene Semamna Santa.
Otros, migas, por si llueve.
Estos, gachas coloradas.
O salmorejo, o gazpacho
O acelgas esparragadas.
Y hemos cogido diez kilos
unos cinco por semana.
Esto del confitamiento,
lo que te abre son las ganas
de comer; nos dice el rey
confinado en su Alcazaba.

Alicaído (El morisco deprimido)