“Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los enamorados
van a servir al amor.
Sólo yo, triste y cuitado,
vivo en aquesta prisión.”
Así cantaba el rey moro
aquel día en su Alcazaba
al ver que la primavera
toda la vida colmaba.
El amor, ¡Ay! el amor
lamentábase el monarca;
nunca encontraré el amor
por más que salga de casa.
Y llamando al chambelán
de esta guisa preguntara:
-¿Dime como debo hacer
para encontrar a mi amada?
El chambelán filosófico
de este modo contestara…
-Mi señor, no es tan sencillo
puesto que las cosas cambian
y el mundo da tantas vueltas
que termina mareándolas.
Antes un hombre sentía
que su cuerpo demandaba
cariño, amor, compañía,
y a una “ella” solicitaba
que le ofreciera estos dones.
Y si la moza aceptaba
todo iba “miel sobre hojuelas”
pues el trato se cerraba
y ambos vivían felices
mientras aquello durara.
En el opuesto supuesto
si una “ella” a un “el”, buscaba
con mil juegos de artificio
con arte le conquistaba.
Del mismo modo “ ellas” y “ellas”
y “ellos” y “ellos” a esto del amor jugaban
si sus preferencias eran
lo que sus cuerpos mandaban.
Pero no ha mucho, aquí mismo
en un lugar de la España
una ministra importante
ha “remolachao” la trama
porque ha añadido otro género
a los que nos enseñaran.
Ya no solo hay “ellas” y “ellos”
porque una nueva palabra
viene a sumarse a estas dos.
Las /los: “elles” ¡Vaya drama!
¿Quienes son así llamados?
¿Quienes por “elles” se llaman?
En fin, que el rey echo un lio
se fue cantando hacia el puerto
dejando atrás La Alcazaba.

Alicaído (El Morisco Deprimido)