Subía un buen día el rey moro
por la diestra de la rambla
cuando encontróse cien madres
que ante una puerta esperaban
con descontento notable
y a grandes voces clamaban.
¡Que será de nuestros niños!
¡Criaturas maltratadas!
¡Tiernos infantes helados!
¡Pobres hijos de la patria!
El buen rey, al percatarse
de aquellas que protestaban,
acercóse y con prudencia
porque no fueran maldadas
preguntó al corro de madres
que era lo que les pasaba.
La mas dispuesta del grupo
de esta guisa contestara.
-¿Es que no sabéis señor
que a nuestros niños las aulas
se las ventilan diez veces
completas cada mañana?
Y que en llegando el invierno
la temperatura baja
y con tanto ventilaje
los constipados se agrandan
y nuestros tiernos infantes
no ganan para mocadas.
Así que entre mascarillas
‘hidrogeles’ y otras gaitas
sale cada niño al mes
por mas de tres mil ‘leandras’.
(Que así llamaban los ‘chelis’
a las rubias pesetarias).
Lo que al cambio viene siendo
doscientos euros de marras.
Así que, señor, calcule:
yo que tengo cuatro en casa,
en ochocientos mensuales
se me va el gasto en farmacia.
Mi marido está en un: ‘ERTE’.
Y yo estoy del todo: ‘HARTA’.
El buen rey pensó un instante
y al verla tan angustiada…,
díjole, ¡Suerte mujer!
“Todo lo que empìeza, acaba.”
Y después vendrá el verano
con la vacuna soñada
que nos va a salvar a todos
de aquesta epidemia insana.
Y poniéndose el embozo
se fue para La Alcazaba.

Alicaído (El Morisco Deprimido)