Subía aquel dia el rey moro
desde El Puerto a La Alcazaba
por la izquierda del paseo
y antes de dar con la plaza
que llaman Puerta Purchena
encontróse con dos almas
con sus respectivos cuerpos
charlando en una terraza.
Dos ilustres ilustrados
que abogan por justa causa:
don Antonio Sevillano
y doña Carmen Ravassa
que sentados a una mesa
serenos parlamentaban
en un lugar con solera
llamado la Dulce Alianza.
Mantenían conversación
sobre un tema que reclama
justicia por ignominia
de los que agora aquí mandan.
Pues desean trasladar
el monumento que aclama
la gesta que mas renombre
A Almería dióle fama.
El rey, con gran deferencia
preguntóles de que hablaban
y ambos a un tiempo dijeron
con mal contenida rabia:
-“Pues de que a ‘Los Coloraos’
quieren echar de la plaza.”
-¿Y a que genio por ventura
se le ha ocurrido tal causa?
Volvió a preguntar el rey.
-A los del ayuntamiento
que al parecer no les basta
con que el viejo pingurucho
haya estado de mudanza
desde los tiempos de “aquel”
que al parecer ya descansa…
donde descansar debiera…
Y tienen de nuevo en danza
al marmóreo monumento.
Dicen que por despejar la plaza
que para grandes eventos
es ágora necesaria.
El rey les miró sereno
y sentenciando la causa
les comento ‘sotto vocce’
igual que otrora, él hablara:
perdonar tanto ignorante
que no sabe lo que arrasa.
Y se marchó meditando
camino de La Alcazaba
mascullando aquesta frase
con voz mesurada y baja
¡Cuantos ignorantes, madre!
¡ Y cuantos tontos de baba!

Alí Caído (El morisco deprimido)