Una de dos

Les guarece una sombra de chapa y les alienta un sol de piedra. Son realmente distintos, tanto, que en una instantánea ellas están de espaldas y en la otra ellas: una sorprendida (asombrada incluso) y la otra pensativa, hacia la profundidad de los adentros, lo que no se ve. Ellos y ellas esperan, al primero de ellos le parece que algo va a llegar, al siguiente que algo se va a ir, y al tercero que no sabe si lo que ha encontrado era lo que buscaba. Junto a ellas que están de frente, no sabemos cómo van habitualmente, se erige uno de ellos, con el pie contra la pared y el glúteo en sombra; en línea con ellas, que están ante el que espera la llegada, el que teme la huida, y el que halla, hay un hombre de acción, con piernas inquietas y orejas atentas. Ellos y ellas no se parecen en nada, ellos y ellos tampoco. Ellas y ellas, ¡ustedes me cuentan! ¿De qué igualitarismo hablan? Los que hablan de eso, olviden al quinto hombre.

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