Jerry González, en el recuerdo

Así por un incidente casual donde vivía, en el barrio madrileño de Lavapiés, el mago neoyorkino de la trompeta y las congas se nos ha ido, dejando un gran vacío en la música y el dolor en sus muchos amigos.
Conocí a Jerry al poco de su llegada a Madrid en el año 2000, cuando vino a la presentación de la película Calle 54 de Fernando Trueba en la que participaba, embrujado por una capital acogedora y atraído por el flamenco se quedó hasta siempre. Un amigo periodista que le alquiló una habitación en su casa me lo presentó y hasta la muerte de éste, alguna que otra vez quedábamos a tomar unas cañas, como cuando me lo encontraba por mi zona en Cuatro Caminos. Siempre sonriente y de trato cercano y agradable nos contaba muchas anécdotas de su vida americana, donde se hizo músico y tocó con los más grandes jazzmen de la época, decía que estaba un poco harto de Nueva York, porque algunas veces le detenía la policía cuando paseaba, quizás por su aspecto bohemio, vestido de negro, gafas oscuras, sombrero y su bolsa colgada con la trompeta y el fiscornio, aunque le soltaban al día siguiente.
Estaba contento en Madrid donde poco a poco se hizo amigo de muchos músicos con los que tocó sobre todo en los clubs de jazz. Pero a su maestría en el afro jazz latino se unió rápidamente su atracción por el flamenco y así trabajó con Paco de Lucía, Morente, El Cigala, Colina y tantos otros. Y con nuestro paisano el genial guitarrista Niño Josele. Vino a Almería al menos en tres ocasiones, en el XVII Festival de Jazz con Big Band, al Castillo San Felipe de Los Escullos con el Niño Josele en 2009, y al XXI Festival de Jazz con el Negri y un montón de flamencos. Todos los aficionados almerienses que estuvieron en los conciertos lo recuerdan.
Precisamente con el Niño Josele, Alaín Pérez y el Piraña los llevé al Festival de Jazz de Ibiza de 2009, donde en el Baluarte de Santa Lucía tuvieron un éxito arrollador de público y artístico. Ese mismo año fue al San Juan Evangelista con Javier Colina y Dani García.
No conozco hasta la fecha ningún músico con tantos obituarios en la prensa de papel y digital como de pésames en la Redes de sus compañeros. Se ha ido pero su música perdurará, solo con escuchar uno de sus discos como ‘Los pyratas del flamenco’, sería más que suficiente para recordar al trompetista con carisma, que siempre transmitía y nos emocionaba. Huella difícil de olvidar del que fue un músico genial.

Alejandro Reyes
Promotor musical jubilado
Foto de González de Paco Manzano

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