’80 años pasaron’

Subía un buen día el rey moro
desde El Puerto a La Alcazaba,
cuando llamó su atención
un libro que alguien dejara
sobre un banco. Lo tomó,
y entre sus páginas rancias
un poema apareció.
“Y cuando llegue el día del último viaje
y esté a partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.”
De don Antonio eran
sin duda las palabras.
Del insigne poeta
que Sevilla alumbró;
y que enfermo y cansado
al final de sus días
no tuvo mas remedio
que quejarse ante Dios
escribiendo el poema
que mejor retratara
a todo el paisanaje
que anda bajo este sol.
“Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.”
Siguió el buen rey leyendo
poema tras poema
buscando algo festivo
que por fin encontró
“El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.”
Era tal la agudeza
que el verso contenía
que no pudo evitarlo,
y otro tornó a leer:
“Vosotras, las familiares,
inevitables golosas;
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.
¡Oh viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!”
Y prosigió engolfado
su lectura poética
buscando algún poema
que le hablara de amor
encontrando estos versos
de enseñanza profética
que con todo respeto
en alta voz leyó.
Este amor que quiere ser,
acaso pronto será;
pero ¿cuándo ha de volver
lo que acaba de pasar?
Hoy dista mucho de ayer.
¡Ayer es Nunca jamás!
Cuanta sabiduría,
nuestro buen rey, se dijo.
que belleza en el modo
de palabras juntar.
Quien fuera don Antonio
y así escribir pudiera
para hacer del lenguaje
belleza, amor y paz.
Y antes de seguir rumbo
leyó un último verso:
“¿Mí corazón se ha dormido?
Colmenares de mis sueños,
¿ya no labráis? ¿Está seca
la noria del pensamiento,
los cangilones vacíos,
girando, de sombra llenos?”
Y con el alma henchida de belleza
y el corazón colmado por los versos
volvióse a su Alcazaba con presteza.

En homenaje a Antonio Machado
Alicaído (El morisco deprimido)

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